Capítulo 9: El himno alemán

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Decirle que me había dormido era menos creíble que decirle que el GPS Garmín no tomaba la señal y que yo por mi cuenta no tenía ni la más mínima idea de cómo llegar. Pero todo esto era cierto: Me había quedado dormida, el GPS no tenía señal y por mi cuenta no tenía ni la más mínima idea de cómo llegar. Llamé a Quique y le pedí que me indicara el camino.

– Qué torta boba, por favor.

– ¡Dale marica, que la piba está ahí desde las nueve!

– Pero son las diez y media. Ya se re fue. Olvidate.

– Está ahí todavía, me acaba de llamar. Me quedé dormida y esta mierda de GPS no me funciona. Dale la puta madre, buscá ahí en Google map y guiame.

– Cómo se nota que no cogés hace siglos querida… A ver… 

Sushi Club de la Recova 21.30, decía el mensaje. A esta hora yo aún estaba de siesta soñando que Tucci liquidaba pantalones fuera de temporada y que la única que lo sabía era yo. Cuando me desperté el reloj daba las 22 horas. No estaba siquiera bañada. Omití el detalle y me vestí con lo primero que se me ocurrió. Jean chupín Rapsodia, musculosa blanca básica Cuesta Blanca, remera manga tres cuartos roja con cuello volcado Markova, y botas caña baja marrón Sarkany. Cuando salí al porche me di cuenta de que era invierno, y que era una noche de esas que Magdalena Ruiz Guiñazú hubiese dicho como una pavota: “Hoy traje de oso”. Cada vez que asumo que es invierno, recuerdo esta frase. Así que volví, me puse una campera de cuero con corderito Paula Caen D’anvers y fui hasta la Recova guiada paso a paso por Quique. 

– ¿Un estacionamiento por acá señor?

– Da la vuelta, agarrá la primera de acá atrás, te tirás a la derecha, bajás por Salguero, retomás en Alvear y ahí hay una YPF, te metés en la estación, girás como para cargar y le pegás todo derecho por Pellegrini hasta Posadas. A unos veinte metros tenés la entrada.

– Pero ¿Por qué no te vas a la mierda?

Cuando más necesitás ayuda, más se empeñan en cagarte la vida. ¿Qué le costaba al guardia de la Recova indicarme bien en dónde podía estacionar? siendo que se notaba perfectamente que estaba tan apurada y nerviosa. Algo simple, concreto y conciso. ¿Tan difícil era? Estaba llegando muy tarde y era imposible dejar el auto en la calle. Tuve que dar la vuelta, retomar por 9 de Julio y seguir derecho hasta encontrar una “E” azul de estacionamiento. No sé cuántas cuadras hice. Encontré uno, guardé el auto y cuando pregunté en la caja cómo llegar hasta la Recova, el cajero me dijo que estaba a más de treinta cuadras. Volví al auto, me senté, agarré el volante y pensé unos segundos. Salí, insulté al cajero – ¿Qué mirás pelotudo? Volví, le pedí disculpas. – Es que no tuve un buen día y vos me estabas mirando así… Bueno nada, eso: Sorry.

Me tomé un taxi, le pedí al chofer que me llevara lo más rápido posible a la Recova. Miraba por la ventanilla y no podía creer la cantidad de cuadras que había hecho sin darme cuenta.

De nada me doy cuenta últimamente, de que llego tarde, de que es lejos, de que es invierno, de nada. Y no Malena no te das cuenta de nada porque estás en la pavada en cualquier cosa estás durmiendo la siesta hasta cualquier hora pensando en la astróloga en los culos body pump esas cosas tenés en la cabeza no pensás cuando manejás ¿En qué pensás? ¿En los parciales del posgrado? ¿En la ropa que te falta? Siempre el vaso medio vacío mirás todo lo que falta nunca lo que tenés si no tengo nada ni con quién coger tengo y me llama cualquiera y voy con la alemana voy ¿Con la alemana que no ves hace mil años? Te persigue el pasado Malenita eh te invita a la Recova ¿A la Recova? A la Recova en la loma del orto me invita en horario pico con el frío que hace pero voy porque no cojo hace mil años ¿3 meses? 26 años tengo y no cojo nunca se me va a cicatrizar después termino en lo del pelotudo de Tedone viejo evasor sí se me cicatrizó la concha Tedone ¿Tanto te llama la atención? Vos no tenés batas en el box forro y yo no digo nada tres personas por semana me cogía antes ahora nada con cualquier pelotuda salgo con tal de coger con la alemana a perder el tiempo a comer sushi podría estar mirando la tele estudiando y no me voy a encontrar con la rubia esta a fumarme las historias de su ex la carismática que vendía té en hebras ay por favor la ex que tenía mucha piel qué intenso pero qué relación tóxica muchos celos ¿Tanto te celaba la gorda esa? Ahora la alemana necesita paz la madre se le muere de cáncer ¿Cáncer de qué? De cualquier cosa cáncer de rodilla hay ahora y me invita a la Recova que ni la conozco dos veces nos vimos cogimos en el baño de Bach contra la puerta de chapa ¿Cuándo hablamos en serio? Nunca y me cita en la Recova pero qué idiotez yendo a una cita con la alemana bilingüe de Berazategui ¿Dónde mierda es Berazategui? Sin auto viene en colectivo tren un olor a tierra va a tener ahora por lo menos comés sushi nena ¿Siempre venís acá? Si me hacés pagar te revoleo la mesa el plato te cago a puteadas por pelotuda ¿Para qué me invitás a la Recova si no podes pagar la cuenta grasa? Si no podés invitarme a cenar llevame a los carritos de la costanera a comer un choripán con los negros a ver si voy me invitaste acá y si me hacés pagar sabés el escándalo salimos en los diarios a mí no me importa porque mi mamá ya está curada de espanto si vos salís en los diarios a tu mamá le da metástasis qué horror el cáncer de mierda cómo mata gente cree que se va a salvar la mamá y la ayuda con esto y con lo otro y vive con los papás cómo me la baja que viva con los papás pero buen culo tiene eso hace el gimnasio levanta los culos y ella va cuatro veces por semana zarpado se pasó de rosca ahora está en tratamiento por las anfetas se fue al carajo la torta nunca una mina normal nunca una tipa de buena familia sana siempre alguna drogadicta con relaciones enfermizas que toman antidepresivos y van al psiquiatra todas las tortas lo mismo todas falladas vienen si no se drogan son feas si no son feas están enamoradas de su ex golpeadora o no está asumida y la familia la tortura a esta no la tortura la familia pero son evangelistas ¿Eso es una secta? No creen en la virgen y son unos pelotudos creen que los putos tienen el demonio esta tiene el demonio sexual cómo me arrastró al baño yo de novia estaba por eso no me duran las relaciones si hago cualquiera me arrastran a cualquier lado nunca digo que no me invita a la Recova le digo que sí estaciono en la loma del culo qué cara rota por favor me invita a la Recova y vengo como una boluda con el traje de oso pelotudo un frío que te cagás la puta madre el auto en cualquier lado guardia gordo de la federal gordo fofo ¿Ese el requisito para ser de la federal? Sos gordo y pelotudo y estás adentro más vale que esto termine en garche y que me garpe porque le hago un escándalo que no vuelve a la Recova en su reputa vida…

– Nena, nena ¡Nena!

– Ay, ¿Qué? ¡¿Qué?!

– ¿Está bien acá? Ahí está el Sushi Club.

– Sí, acá está bien, todos de mal humor están hoy, pero por Dior. Tome, no quiero el vuelto.  

Llegar tarde me había puesto de mal humor, estacionar el auto a treinta cuadras de la cita, y tener que tomar un taxi para llegar, directamente me convulsionó.

Tranquila Malena, tranquila, a cualquiera le puede pasar, fue, es sábado, los sábados hay que relajar, la cita era demasiado temprano, así le digo, rubia, ey perdón, colgué mal, es que tan temprano un sábado, yo en mil cosas estoy los sábados. No voy a decir que me quedé dormida, me colgué sacando fotos, estoy que me anoto, no me anoto en el curso de fotografía y me cuelgo mal, flash de acá, flash de allá…

 

– Ey, ¡Hola! Tanto tiempo….Mil disculpas, me quedé dormida, el GPS no funcionaba, un horror.

Tengo que reconocer que el lugar era fascinante. Cada detalle en la ambientación  transmitía placer y sensualidad, un espacio cautivador, magnético. Me sentí cómoda enseguida y ni bien apoyé mi cartera XL en la silla, la moza me alcanzó la carta, que era un e-book luminoso Apple. Esto terminó de convencerme: Estaba en el lugar adecuado para olvidarme de todo lo que me había pasado, comer un buen sushi y tener mi merecido postre. 

La alemana tenía un pulóver peludo color hueso y un Jean ajustado azul. Fue imposible saber de entrada de qué marca era cada prenda, pero a mitad de la cena no resistí más y se lo pregunté. Quique me había recomendado no hacer este tipo de preguntas porque dice que quedo cómo una estúpida, pero es más fuerte que yo, no lo puedo evitar.

– Me encanta tu pulóver. ¿Lo compraste acá?

– ¿Cómo si lo compré acá?

– Acá en Argentina, digo.

– Ah, sí sí, lo compré en Once.

Es increíble cómo el ser humano cuando quiere es sensible a las señales y cuando hay otro interés de por medio, omite información valiosa, detalles que podrían ser de muchísima utilidad para conocer a una persona o decidir dejar de conocerla inmediatamente. Además de que la ropa la compraba en Eleven Town (como le decíamos con Quique al Once), otro detalle que pasé por alto, fue la respuesta que dio a la moza cuando esta le preguntó cuál era su pedido.

– Un sushi bien típico de Japón, por favor.

Cualquier persona que come asiduamente sushi, o que no es un inadaptado social, o vive en la indigencia absoluta sabe perfectamente que el sushi es el plato japonés más famoso fuera de Japón, y por ende no tiene ningún sentido decir “un sushi bien típico de Japón” porque todos los sushis son japoneses. Tampoco, y esto confirma aún más mi teoría sobre las omisiones de los seres humanos, me percaté de la respuesta que me dio cuando le pregunté si quería armar un combinado entre Makis, Rolls, Niguiris, Temakis y Sashimi.

– Lo que quieras, eh. Me da igual.

 

A ningún comensal de sushi, estando en Sushi Club de la Recova le da igual comer Maki que comer Rolls o Temakis o Sashimis. Eso sólo podría sucederle a un novato. A mi favor y en contra de mi teoría, cuando el sushiman con sus propias manos nos trajo el barco cargado de las piezas de sushi que yo había elegido, la alemana agarró los palillos perfectamente y comió cada pieza sin errores ni pausas. Porque que no limpiara antes de usarlos las astillas era perfectamente aceptable; hay quienes lo hacen y hay quienes no. Yo prefiero hacerlo porque podría desmayarme si me clavara una astilla en la boca.

El champagne Chandon Extra-Brut cursó su efecto y al quinto Maki California, estaba prácticamente enamorada de la alemana. Fue como si el ambiente, el misterio de su ropa, el champagne y las piezas de sushi se amalgamaran para convertir la ira con la que había llegado a la Recova, en un estado de profundo enamoramiento. Ya no me importaba si la metástasis de la madre había progresado, tampoco que su ex todavía la seguía llamando y golpeándola de vez en cuando, ni que su psiquiatra le había sugerido continuar unos meses más con la paroxetina. ¿Y el temita de que vivía con los padres? Esto se había convertido en un atributo positivo y acorde a una chica bien, de familia bien, que no se va de su casa hasta casarse. ¿Hasta casarse? Sí, hasta ese punto había hecho efecto el champagne. Es más, cuando la moza trajo la cuenta, levanté la palma de mi mano, y se la chanté casi en la cara – Yo invito. Y tampoco allí, ni siquiera en ese momento, me sorprendió que ella, que en definitiva era quien me había citado, dijera “No, no de ninguna manera. Invito yo”.

Fuimos juntas en taxi hasta el estacionamiento. Le conté la anécdota de cómo había terminado tan lejos y nos reímos sin parar hasta llegar a casa. Preparé café y le pregunté si le había gustado el sushi.

– La verdad que no me va mucho el sushi.

– …..

– Yo te dije de ir ahí porque te veo así como muy top, las fotos que ponés en Face, siempre en lugares re caretas y bueno.

– ……

– Yo soy más del palo del asado, ¿Viste? O las pastas. El pescado crudo no me va,  muy shopping para mí. Pero tenía ganas de verte, así que…

– ….

– O sea, mientras vos me explicabas que el sushi fue evolucionado fuera de Japón, bla, influenciado por distintas culturas occidentales, bla, especialmente en Estados Unidos y que por eso los tipos de sushis se llaman California roll, New York roll, etc., yo pensaba que te quería arrancar la ropa. Bah, primero taparte la boca, y después arrancarte la ropa.

-…..

Tal vez esta declaración hubiese sido contundente y la señal justa para detener todo y echarla a patadas de casa, pero en definitiva, me estaba diciendo que le gustaba. Era una especie de avance sexual interesante rodeado de detalles incompatibles conmigo, como el hecho de que no le gustara el sushi o que le pareciera careta. Yo odio la palabra careta casi tanto como la palabra torta porque soy injustamente juzgada por ambas cosas. Tanto me descolocó lo que me había dicho que simplemente tomé un sorbo largo de café y la besé. Y el beso se extendió hasta que de repente ella tuvo un espasmo. Una contracción del diafragma, pensé. Me corrí y se rió. – Perdón, un hipo. Me costó volver a besarla, tenía miedo de que me vomitara en la boca o algo así, pero reuní fuerzas y la besé otra vez. Esta vez fue ella la que se apartó interrumpiendo el beso.

– Male, te quiero decir algo porque, cualca, no da mentirte… No soy psicóloga ni en pedo. Estoy terminando el secundario en una escuela nocturna. 

– ….

– Y de pintura sé lo mismo que de antropología: Nada. Soy un bardo yo. Mi único talento que garpa es cantar el himno alemán erutando. Escuchá, escuchá:

 

 Über alles in der Welt, (Croa)
Wenn es stets zu Schutz und Trutze (Croa)
Brüderlich zusammenhält; (Croa)
Von der Maas bis an die Memel, (Croa)
von der Etsch bis an den Belt: (Croa)
Deutschland, Deutschland über alles, (Croa)
Über alles in der Welt! (Croa)

 

Deutsche Frauen, deutsche Treue, (Croa)
Deutscher Wein und deutscher Sang (Croa)
Sollen in der Welt behalten (Croa)
Ihren alten schönen Klang, (Croa)
Uns zu edler Tat begeistern (Croa)
Unser ganzes Leben lang: (Croa)
Deutsche Frauen, deutsche Treue, (Croa)
Deutscher Wein und deutscher Sang! (Croa)

 

Einigkeit und Recht und Freiheit (Croa)
Für das deutsche Vaterland! (Croa)
Danach lasst uns alle streben (Croa)
Brüderlich mit Herz und Hand! (Croa)
Einigkeit und Recht und Freiheit (Croa)
Sind des Glückes Unterpfand; (Croa)
Blüh im Glanze dieses Glückes, (Croa)
Blühe, deutsches Vaterland (Croa)

 

Cuando la acompañé hasta la puerta me dijo las dos cosas que más detesto, amalgamadas: “Torta careta”. Y mientras el ascensor Eleva marcaba, 1, PB… pensaba en todas las señales a las que no había prestado atención. También pensé en la capacidad respiratoria de la alemana, en cómo le contaría esto a mi terapeuta y en la entonación del himno alemán. 

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