capítulo 11: El Coach  

coaching master

La inteligencia emocional es la capacidad de percibir, acceder y generar emociones con el fin de mejorar lo que se piensa, comprender las emociones, regular reflexivamente los sentimientos, y así promover el crecimiento de las personas. Cosmopolitan, Edición Octubre.

 

Como la secretaria del director me explicó que el coaching es el proceso que promueve el conocimiento de uno mismo, orientando motivaciones adecuadas para el cambio, y esto se asemejaba bastante al tema que me obsesionaba hacía un par de semanas, no dudé un segundo en participar del taller de coaching que harían fuera de hora en el laboratorio. Un coach recién llegado de los Estados Unidos vendría a darnos un taller intensivo de coaching ontológico. Participar estaba muy bien visto por el director, y según Juli su secretaria, esto podría impactar positivamente en los planes de carrera. Me pregunto cuál será mi plan de carrera o si tengo uno, aunque no es algo que me desvele. Mis compañeros se pasan horas hablando de sus planes de carrera, reclamando y preguntando a Recursos Humanos por qué les tocó el plan que les tocó, por qué no les tocó uno, o por qué si su plan decía gerente en dos años, todavía eran asistentes. Yo ya tuve un plan y una carrera así que prefiero descansar de las dos al menos por unos años.

– Juli, ¿En qué sala es la cosa esa?

– ¿Qué es la cosa esa?

– Lo del coaching

– Ah, en São Paulo

Es increíble. El personal de Marketing de empresas multinacionales se dedica a mercadear aquello que las personas no compraríamos de no ser porque estamos influenciados por ellos. También, a poner títulos a los proyectos (“Project Simplify” habían elegido para llamar al proceso de reestructuración en el que echaron a 500 personas cuando la empresa se fusionó –o estalló- contra otra), poner título a los lanzamientos “Viví la Nueva Era” (este fue después de que habían echado a esas 500 personas); y por último a poner títulos a las salas de reuniones. Son algo así como cinco tipos trajeados y tres minas esbeltas y hermosas que se encargan de la difícil tarea de re- titular las cosas que por su nombre se llamarían horrible o no se llamarían de ninguna manera. Las salas de reuniones, por ejemplo, tienen nombres de ciudades en donde la empresa tiene filiales. ¡Qué idiotas que son y cuánta guita que ganan, la puta madre!

En São Paulo, un círculo de almohadones en el piso ocupado por personas uniformadas, me esperaba para sumarme a la experiencia. De espaldas quien se suponía que era el coach se servía café y se atragantaba con un simple de jamón y queso Paladini. Buenas tardes, dije, y me senté al lado de Cristian, el misógino. Miré alrededor. Sólo los chicos de Marketing y de ventas estaban allí. Ni un alma técnica en la ronda. Un científico jamás se mezclaría con ellos. Pero por alguna extraña razón, allí estaba yo, mimetizando entre banner, smart project, liability, payroll, market share, stake holder, back orders, y toda la boludez marketinera.

– Buenas tardes. Bienvenidos al Workshop de coaching. Si les parece, voy a comenzar contándoles un poco acerca de mí y mi carrera en los últimos años. ¿Vale? Bueno, me llamo Gerry Sandoval, nací en Argentina pero desde pequeño vivo en los Estados Unidos, soy licenciado en Ciencias de la Comunicación y realicé mi MBA en Harvard. En forma paralela estudié Coaching ontológico y desde hace ya diez años me dedico a dar entrenamientos de esta disciplina en compañías como la suya. Se preguntarán por qué estoy aquí y la respuesta es que estoy aquí para enseñarles que son Ustedes quienes tienen los motores impulsores de su propia motivación, y para demostrarles Cuán poderosos son al ser conscientes de ello. Ready?

El tipo me sonaba de algún lado, pero no sabía de dónde. La última vez que había viajado a Estados Unidos tenía 15 y fui a Disney. Era poco probable que lo hubiese conocido allá.

– Disculpe, ¿De qué parte de Estados Unidos es?

– New Jersey. ¿Su nombre?

– Malena.

– Malena, bienvenida ¿Por qué no te presentas? y luego tu compañero, y luego tú. Y así nos vamos conociendo todos.

Si no hubiera sido por su pantalón Yves Saint Laurent y su camisa Gucci lo habría matado. Gerry era insoportable. O hablás español neutro o hablás inglés, man. “¿Alguno conoce los cultural drivers de la compañía? ¿Quién de ustedes representa mejor el de share accountability? ¿Y el de achieve more with less? Thouhgts? Amazing!”.

Obviamente el staff de marketing estaba obnubilado, festejaba sus chistes, y hasta a veces ¡Lo aplaudía! Y al cabo de media hora el prometedor y revolucionario taller de coaching había tomado un rumbo sensitive inesperado. En especial para Juli, que no paraba de llorar contándonos a todos que ella en realidad quería ser actriz y no secretaria de dirección. Después siguió Cristian, confesando que de chico, jugaba a ser médico pero que la madre le decía que no le daría el cuero. Armando se quedó callado cuando Gerry le preguntó qué hubiera querido ser de no ser lo que era, y también se largó a llorar desconsoladamente. What the fuck?

– Tú Malena ¿Con qué soñabas de pequeña? Vamos, cuéntanos.

Estuve a punto de decirlo, estuve a punto de sincerarme delante de Gerry y de todos mis compañeros. El entorno emotivo-boludo que se había generado en São Paulo por poco me arrastra a confesarlo todo, a gritar a los cuatro vientos eso que sólo sabemos Quique, mi terapeuta y yo; pero en ese momento una ráfaga de luz me atravesó la sien y recordé a Quique diciendo “El pez por la boca muere, torteleta”, y así fue que contesté a todos, y en especial a Gerry, que yo Era lo que quería Ser: Farmacéutica. Todos me miraron fascinados, incluso el mismísimo Gerry que cada vez se me hacía más y más conocido.

¿Un tío lejano? ¿En los Estados Unidos? Nah. ¿Vivirá realmente en los Estados Unidos? Sandoval, Sandoval, qué apellido trucho Sandoval. De novela de nueve de la noche, de villano, de impostor. Era demasiado prolijo como para que fuera de la familia. Mis tíos y primos lejanos al igual que los cercanos son clásicos; o son abogados o son médicos, algún arquitecto perdido, y docentes de EGB con licencia psiquiátrica, pero ¿Coach? ¿Un expatriado licenciado en Ciencias de la Comunicación? ¿Eso es una carrera o qué mierda es?

El último ejercicio del Workshop se trataba de describir a nuestro ideal, nuestro arquetipo, es decir el patrón ejemplar del cual derivábamos o aspirábamos ser. Juli describió a Norma Leandro y contó la aburrida y harta sabida historia de que en sus comienzos, un tipo le dijo que no servía para la actuación y entonces ella, terca y fiel a su convicción estudió y se preparó Arduamente para ser quien es hoy. Cristian habló de Favaloro, de su fundación y de las vidas que había salvado, incluyendo la suya. ¡Qué conmovedor! Armando, seguía llorando. Cómo lloraba Armando por favor; si yo fuera él no volvería al trabajo nunca más. Un horror.

Pensé y pensé, se acercaba mi turno. Traté de encontrar mi arquetipo. Mi arquetipo, vamos, mi arquetipo, ¿Cuál es? ¡¿Cuál es?! Rápido. Gerry había dicho: “Mandela, Indra Devi, dioses griegos, ¿Por qué no?”. Maldita sea. Ninguno de ellos era mi arquetipo, y decir Karl Lagerfeld de Chanel, Gianni Versace, John Galliano, o Domenico Dolce podía ser peligroso porque conozco sus prendas muy bien, pero no sé si son unos desgraciados y miserables como personas. Decir Fleming el de los  antibióticos o Watson y Crick, descubridores del ADN, no hubiese sido un peligro pero sí un fraude. Los estudié, sí, y me da alivio saber que existan personas tan inteligentes y que les guste investigar sin que les paguen y esas cosas, pero yo no quiero convertirme en ninguno de ellos ni loca. Describir a mi papá o a mi terapeuta como un modelo a seguir a esta altura de mi vida hubiese sido más patético que Armando llorando.

– Mirá Gerry, yo no tengo un arquetipo, sabés. ¿Puedo seguir en el taller igual o lo dejamos acá?

– Malena, tranquila, todos tenemos uno. Piensa, vamos. El arquetipo es una meta espiritual buscada por toda la naturaleza del hombre; es el mar hacia el cual se encaminan todos los ríos, el premio que el héroe extrae de su lucha con el dragón.

– …….

– Verás, lo importante es que si el arquetipo es la causa última del ser y el obrar, averiguar su esencia y develar su verdadero sentido significan descubrir realmente nuestra auténtica identidad y nuestro destino. ¿Comprendes?

– …….

– No podemos liberarnos de nuestras bases arquetípicas así como así, a menos que estemos dispuestos a pagar el precio de una neurosis

– ………

– Es como querer deshacernos de nuestro cuerpo y de sus órganos sin cometer suicidio. ¿Me sigues?

Y cuando estuve a punto de decirle que no entendía ni media palabra de lo que me estaba diciendo, logré situar su cara al lugar, su cuerpo al tiempo, su miembro al cuarto, sus manos a la cama, sus ojos al espejo, y juntando todos los retazos de cuerpo, lugares, tiempo, cuartos, camas, espejos, confirmé que conocía a Gerry Sandoval, pero bajo el nombre de Devyn Eros: ¡El actor porno que enloquecía a Quique! El actor porno gay que fue modelo de Dotto y Piñeiro y que por el inesperado cese de un contrato salió en búsqueda de nuevos horizontes, pero al quedarle éste tan lejos, decidió firmar con una productora de medio pelo para hacer pornos gay que salían en la Web. Quique y yo lo amábamos, fue nuestro ídolo en los primeros años de la carrera, cuando mirábamos pornos después de estudiar para despejarnos. Era el tipo ideal y Quique no se cansaba de decir que él se había hecho gay por su culpa. Alto, fortachón, depilado por todos lados y sensual. Tenía la cuota de femineidad y masculinidad justa para gustar tanto a hombres como a mujeres. Un verdadero ícono sexual. ¿Qué cuernos hacía dando coaching ontológico? No podía creer que lo tenía delante de mis ojos. Vestido no parecía el pedazo de hombre que era en las películas. Necesitaba contárselo a Quique con urgencia. Pedí disculpas, salí de São Paulo y lo llamé.

– ¿Estás drogada otra vez, tijereta?

– Te lo juro, marica. Lo tengo delante de mí.

– Ay pero cómo te pegan los ácidos, nena. Llamame cuando se te pase

El muy imbécil no me creyó, así que volví a São Paulo y todavía consternada, sin sacarle los ojos de encima, le dije que ya me parecía haber descubierto a mi arquetipo, pero no estaba segura de compartir con todos esta información. Después de todo, develar su identidad haría automáticamente develar la mía.


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3 pensamientos en “capítulo 11: El Coach  

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